Pueblo situado al
nordeste de la provincia, en el límite
con la de Badajoz, dentro del Parque Natural
de la Sierra de Aracena y los Picos de Aroche,
uno de los espacios protegidos más
importantes de la Comunidad y que ocupa todo
el norte de la provincia con sus dehesas y
pequeñas elevaciones cubiertas, predominantemente,
de bosques de encinas, alcornoques, castaños
y monte bajo, por donde cursan numerosos arroyos,
conformando un paisaje de extraordinaria belleza
y atractivo.
Su origen está
asociado a sus minas de hierro, y fue repoblado
por gentes del reino de León en el
S.XIII. Tienen interés su castillo,
la Iglesia de la Magdalena y sus bellas dehesas.
Los
orígenes de Cala se remontan
a tiempos muy antiguos. Existió
desde el tiempo de los romanos, que
la fundaron con este nombre; el primer
nombre fue el de Restituta Llulia; la
conservaron también los godos
y los árabes quienes la hermosearon
con un fuerte castillo situado en su
altura. Finalmente la reconquistó
Fernando III "El Santo", de
1246 a 1248.
En el repartimiento
de Fernando III, realizado por su hijo Alfonso
X " El Sabio", se adjudicó
su señorío a la ciudad de Sevilla,
concediéndole sus mismos fueros y privilegios.
Cala se había
hecho famosa en la época de dominación
romana por los ladrillos que se fabricaban
en ella, diferentes de los demás que
se conocen, según testimonio de Vertrubio,
que vivió antes de Cristo y escribió
su famosa obra "Arquitectura en Roma"
y después Plino en su "Historia
Natural", celebrando ambos los ladrillos
de Cala, porque secos y sin cocerse no se
sumergían en el agua y eran muy ligeros
para no oprimir con su peso la fábrica
de los edificios y por su materia esponjosa
y dura, semejante a la piedra pómez,
eran refractarios a la humedad.
Respecto a la
etimología de sus nombres debe
saberse que la palabra Callentun, de
donde se deriva Calla o Cala, que es
lo mismo, es greco-latina y significa
"hermosa", terminación
femenina del adjetivo griego, transferido
al latín con sus mismas letras,
y que bien puede aplicarse a esta villa
dada su situación tipográfica,
por la esbelta y gallardía fortaleza
árabe, que en su altura domina
el paisaje; es rica y fértil
en sus producciones de granos, aceite,
vino, aguardientes, pastos y ganados,
y por su industria ha sido también
nombrada en otros tiempos, señalándose
particularmente en el siglo XVI, por
la elaboración de excelentes
vidrios, de los cuales se hace mención
en aquella época por distinguidos
escritores.
A raíz
de la implantación del régimen
liberal en España hacia 1812
y al formarse la provincia de Huelva,
Cala deja de pertenecer a Sevilla y
pasa a pertenecer a la actual provincia,
asignándola al Partido Judicial
de Aracena.
La
primera festividad de Cala comienza
con el carnaval a finales de febrero
o principios de marzo. Esta fiesta goza
de gran aceptación en la localidad
y finaliza con el entierro de la gallipierna.
Las cruces de
mayo parecen resurgir gracias a la iniciativa
municipal de premiar la mejor cruz.
Premio por el que compiten los distintos
barrios.
El
último fin de semana de mayo
se celebra la Romería de San
Roque, patrón de la Villa. Los
romeros con sus caballos y carrozas
se concentran el sábado por la
tarde en el llano de la ermita de Cala.
Tras la misa la imagen es llevada al
paraje de las Tres Encinas, donde la
fiesta se prolonga hasta bien entrada
la madrugada.
El 8 de septiembre
se celebra la Feria de Cala. Aparte de la
fiesta en la caseta municipal, el Ayuntamiento
organiza actividades culturales.
En Minas de Cala celebran
el 12 de octubre la fiesta de su patrona,
la Pilarica. La imagen es llevada a Cala en
procesión el sábado más
próximo a la fiesta y devuelta al día
siguiente a Minas.
La
gastronomía de Cala se encuentra
a caballo entre la andaluza y la extremeña,
tomando lo mejor de cada una. El gazpacho,
el guarrito frito, el menudo, la caldereta
de chivito, el picadillo de pestorejo
y la boya de chicharrones son sus platos
más nombrados.
Los productos procedentes
del cerdo en general son la base de la cocina.
Se pueden comer fritos y en época de
matanza se pueden saborear los guisos de oreja
de cerdo. En repostería las perrunillas,
los pestiños y las bollas de chicharrones.
1.
El Castillo de Cala.
Durante
la dominación musulmana fue construida
esta pequeña fortaleza, emplazada
estratégicamente en el cerro
que domina la población, en torno
al siglo XIII. Posteriormente fue reconstruida
por los cristianos para la defensa de
la ciudad de Sevilla de las sucesivas
contiendas con Portugal..
A la fortaleza se
accede por un camino que parte del Hostal
La Muralla, y las vistas sobre el conjunto
urbano compensan con creces el esfuerzo del
ascenso
2.
La iglesia de Sta. María Magdalena.
Fue
construida entre los siglos XIII y XIV,
con un estilo inicial gótico
mudéjar, aunque después
ha sufrido varias incorporaciones de
otros estilos. Fue restaurada en el
siglo XUIII por Pedro de Silva tras
el terremoto de Liboa, y reformada en
1911, con la construcción de
la portada actual y la capilla de la
inmaculada.
Conserva en su altar
un magnífico retablo de la escuela
de Alejo Fernández de principios del
siglo XVI. Para visitar la iglesia fuera de
culto puede acudirse al párroco o a
un amable vecino llamado popularmente "Matito",
que vive frente al templo.
3.
Ermita de Ntra. Sña. de Cala.
A
mediados del siglo XIII, Cala cuenta
con esta singular ermita, que alberga
a la patrona de la localidad, y nombrada
Alcaldesa Honoraria en 1959.
La ermita representa
uno de los escasos vestigios del estilo románico
en transición al gótico de Huelva.
Al templo se accede por el agradable paseo
de la Ermita, y se ubica sobre el solar de
una antigua construcción romana. En
su interior se puede contemplar los restos
de lápidas engastadas en los muros
de la época imperial.
Entre los atractivos urbanos destacan
la Casa Jardín y las fuentes.
La Casa Jardín
se encuentra en la calle Fuente, y se
trata de una construcción señorial
con portada barroca, en cuyo interior
destaca su hermoso jardín.
En cuanto a
las fuentes, las más atractivas,
dentro del núcleo principal,
son la de la Plaza de la Cruz, el pilar
de la calle Fuente y el pilar Nuevo,
en la calle Rodrigo.
También
adquiere gran interés para el visitante
los poblados mineros que rodean la villa.
Minas
de Cala, uno de los pocos que permanecen
en activo y que se puede visitar en
grupo previa cita. La Sultana situado
en un hermoso paraje de dehesas. Conserva
parte del antiguo caserío y algunas
bocas de mina. Y las Minas de Teuler,
compartidas con Santa Olalla. El camino
hacia esta, se inicia en la ermita de
la Virgen de Cala y transcurre entre
dehesas de encinas, alcornoques y quejigos.