Parajes
insólitos, casa blancas encaladas,
calles empedradas, aire fresco, vida sana
y mucha paz pueden disfrutarse en este rincón
de la sierra. El municipio y su entorno
es el lugar ideal para practicar senderismo
por antiguos caminos reales que conducen
a parajes de sorprendente belleza:
El camino a Valdelarco,
entre profundos valles y lomas; el camino al
Charco Malo y Charco Azul, un bellísimo
roquedal a cuyos pies surge un bosque de galería
formado por alisos; el camino a Corterrangel,
lleva a esta aldea atravesando el Charco del
Puente y el prado del Barrial; los Callejones,
conducen a la ermita de La Coronada; El mirador
del Alto del Palancar, desde donde se pueden
contemplar cinco pueblos cercanos.
De sus fiestas hay que
destacar las patronales, con alegre diana y
toros de fuego; la Romería de La Coronada;
Las Cruces de Mayo y San Juan, día en
que se porta un chopo hasta la plaza y se coloca
junto a la torre de la Iglesia.
Cortelazor vive
de la agricultura y ganado porcino. Los lugareños
continúan realizando matanzas domiciliarias
de los cerdos que ellos mismos engordan durante
el año.
Aunque existen vestigios
romanos cerca del reconstruido Santuario de
Nuestra Señora de la Coronada, donde
se encontraron monedas de tiempos del emperador
Augusto, y José Navarro cuenta que encontró
"tinajas" y dos monedas de oro cuando
araba la tierra con la yunta de bueyes, la ocupación
efectiva del Cortelazor y su entorno se hace
tras la conquista de Alfonso X.
El repartimiento de
estas tierras benefició a los hermanos
Palomeros, a quienes se les entregó el
territorio que iba desde "lo alto de la
cruz del palomar hasta la cordillera de sierras
que separan los actuales términos de
Aracena con Hinojales por aguas vertientes"
(Lasso, 1991).
Etimológicamente,
el nombre de Cortelazor hace referencia
a lugares de importancia para la cetrería
(Gordon, M.D. y Ruhstaler, A., 1992) ;
así en 1631 se hace referencia
al "Concejo, justicia y regimiento
del lugar de Lacorteelazor" (A.M.C.,
1631 ; Leg. 10).
Pero la leyenda
cuenta que el lugar estuvo relacionado
con la "corte del Rey Azor",
un cabecilla árabe que se hizo
independiente en tiempos de los reinos
de Taifas (Varios, 1988 ; 1046), y, también,
con "la corte al azar", refiriéndose
al asentamiento que los hermanos Palomeros
establecieron, sin conocer el territorio,
para la explotación de las tierras
entregadas.
Con el paso lento
de la Historia, Cortelazor se fue afianzando,
y a "mediados del siglo XVI, el núcleo
demográfico de aquella por entonces
aldea de Aracena debió de adquirir
la suficiente importancia numérica
como para decidirse la construcción
de una iglesia de un tamaño adecuado"
(Plaguezuelo y otros, 1990 ; 135).
"En documentos
que datan de 1603 existían ya nombres
que tienen en la actualidad, como el Barrio
Abajo, de la Mesa, ya en estado de ruinas y
deshabitado de la Fuente, en donde es posible
que empezara el pueblo a construirse. En este
lugar se encontraba una fuente, hoy trasladada
a la plaza principal" (González,
1962).
La iglesia parroquial
de Nuestra Señora de los Remedios, que
se comienza a construir hacia 1565, es el pequeño
corazón de Cortelazor, cuyas épocas
de prosperidad o decadencia se van a reflejar
en la ampliación o abandono de la misma.
Así, en el siglo
XVIII conoce una notable ampliación,
porque el área de la iglesia sólo
podía acoger a unas 400 personas, de
las 512 que tiene el pueblo. Alrededor de 1748
el famoso pintor Tovar realizó un cuadro
de La Divina Pastra, que adoge los muros de
esta iglesia.
Hasta el siglo XVII,
Cortelazor dependió de la administración
de Justicia de Aracena ; sin embargo, la distancia
a que se encontraba y la inseguridad le llevó
a pedir constantemente su independencia. En
el año 1630, Felipe IV le hizo la merced
de eximirla de la jurisdicción de Aracena,
alzándola a la categoría de Villa,
por haber ofrecido sus vecinos como compensación
el pago de 2.000 ducados.
El crecimiento demográfico
a lo largo del siglo XVII debió de ser
muy reducido, pues apenas se logra mantener
la población. En 1630, Cortelazor reunía
124 vecinos, de los que sólo se contabilizaron
a efectos fiscales 112,5, porque existían
21 viudas, un ordenante y 12 pobres ; en 1642,
Cortelazor agrupaba a 99 vecinos, descenso que
hay que relacionar con la guerra con Portugal
y la presión fiscal.
Estos agentes de despoblación
se prolongan hasta entrado el siglo XVIII ;
así, en 1713, Cortelazor cuenta con sólo
30 vecinos. La recuperación demográfica
se inicia a partir de la segunda mitad de la
centuria, y así el Catastro de Ensenada
de 1752 contabiliza 396 habitantes, es decir,
103 vecinos.
A finales del siglo
XVIII, en 1787, alcanza la estimable cifra de
559 personas, que basaban su subsistencia en
la explotación de más de mil fanegas
de sembradura, otras tantas de encinar y un
reducido número de fanegas ocupadas por
el castaño, frutales y viña, entre
otras. La cabaña ganadera estaba esencialmente
compuesta por cabras, cerdos y ovejas.
El siglo XIX conoce
la máxima densidad de población
del término. En 1857 son 759 personas
; en 1877 llegan hasta 793, y en 1887 tiene
Cortelazor 910 habitantes (Mora y Senra, 1992).
Los primeros pasos de
Cortelazor en el siglo XX son inseguros, dejando
por doquier hijos que no sustenta, en una emigración
que sólo se corta a partir de los años
noventa. La estructura económica actual
se base en un aprovechamiento ganadero, complementada
por actividades de subsistencia, y ayudada por
las pensiones de jubilados.
El ciclo festivo se
inicia con la Pascua, en Semana Santa. Cuando
acaban los oficios a media noche del Sábado
Santo, se saca la imagen del Resucitado.
El segundo domingo de
mayo se celebra la romería de la Virgen
de la Coronada, trasladándose el pueblo
en carroza o a caballo hasta la ermita, mientras
el simpecado es transportado en un carroza tirada
por bueyes.
Muy curiosa aunque decaida
ultimamente es la fiesta de San Juan, el 24
de junio, momento en el que se planta un gran
chopo en la puerta de la iglesia traido a hombros
por los mozos.
La
fiesta de agosto celebra el día
de la Patrona, la Virgen de los Remedios,
cuyo hito más destacado es el toro
de fuego. Se montan en la plaza los tradicionales
bailes y se aprovecha el chopo plantado
para juegos de cucaña.
En cuanto a las
especialidades gastronómicas, estas
giran en torno a las matanzas caseras.
Entre los platos típicos destacan
las chanfainas, guiso que se preparan
en las matanzas con visceras, hortalizas
y aderezos de aromáticas. Tambien
son tradicionales las migas, gazpacho
de invierno, cocido serrano y el potaje
de habichuelas. En dulces la miel, el
piñonate, retorcidos, tortas de
manteca, isabelitas y el potaje de castañas.
Es también significativa
la pervivencia de actividades artesanales, y
prueba de ello es la reciente apertura de un
Museo de Artesanía. En el museo destaca
el singular legado de José Navarro Pérez,
que trabaja la madera con formas tradicionales.
El entramado de sus
calles, la arquitectura sencilla de sus blancas
casas, el escalonamiento de sus tejados corridos
y sus empedrados, otorgan a la población
una belleza característica propia de
los pueblos serranos.
Iglesia
de los Remedios.
Es
el templo parroquial, construido entre
1.565 y 1.587. Consta de cinco tramos
en su única nave. Los primeros
pertenecían a la iglesia original
y el último fue añadido
en la ampliación dcl siglo XVIII.
En esta misma ampliación se cambió
la espadaña por la torre que corona
el templo, adosada al lateral derecho
de la fachada. En la actualidad tiene
dos hermosas campanas, llamadas "Ave
María" la mayor y "Jesús,
María y José" la pequeña.
Ambas fueron refundidas en 1.834.
El porche que la rodeaba
por completo se mantiene en tres fachadas, habiendo
desaparecido de la parte delantera para permitir
la integración en la plaza.
Sobre la fachada sur
se encuentra un reloj de sol que data de 1.701.
En el interior del templo
se encuentran el altar Mayor, el de la Virgen
del Rosario, el de las Ánimas, el de
San Antonio, el de la Virgen de los Dolores
y el de San Agustín.
Dos tesoros que encierra
son las Pinturas Murales del siglo XVI y el
cuadro de la Divina Pastora de Alonso Miguel
de Tovar.
Ermita
de Nuestra Señora de la Coronada.
A 4
Km del pueblo se encuentra la ermita donde
se venera la Virgen de la Coronada que
era una de las cuatro ermitas más
antigua de la Sierra. Su origen se remonta
al siglo XII. En la pila bautismal que
actualmente se conserva en la Iglesia
de los Remedios, se bautizaban los neófitos
de toda la comarca, desde Fregenal.
La talla en madera policromada
de la Virgen, realizada en la primera mitad
del siglo XVI, atrae la devoción popular
canalizada a través de la Hermandad de
la Coronada que se fundó en Julio de
1.881 y que aún permanece.
En la misma ermita se
veneraba a la Virgen de las Virtudes que ocupaba
un lugar importante junto a la titular.
El mal estado del edificio
que se mantenía en una precaria situación,
provocó la necesidad de reconstmirla.
En 1.962 se inauguró la actual ermita
que se levanta sobre las ruinas de la antigua.
A su alrededor se encuentran
sillares y columnas pertenecientes a la villa
romana que se ubicaba cerca del lugar.
Fuentes.
Otros
elementos de interés son las fuentes,
como la localizada en el costado de la
iglesia, decimonónica con un mascarón
leonino de aire renacentista, y el Pilar
de la Borbozuela a unos dos kilómetros
en dirección a la Ermita de la
Coronada.
Charco
malo.
En el
curso del Arroyo de la Guijarra y a escasos
Km de Cortelazor se puede disfrutar del
fantástico paraje del Charco Malo:
una caldera provocada por un salto de
agua en una zona umbría y en medio
de un precioso valle.
Los arroyos que discurren
por el término crean a lo largo de sus
cursos bosques de galería entre alisos,
chopos, álamos y fresnos. Alternan con
zonas de huertas, riscales, monte bajo y pastizales,
bellos charcos entre los que destacan el de
San Ildefonso, El Sapo, El Cura, El Azul, etc.
El
charco (área de recreo).
Presidida
por un hermoso ejemplar de acacia de tres
espinas, y a orillas de la rivera se encuentra
el área de recreo del Charco.
Los altos del
Palancar.
A unos dos kilómetros
del pueblo en dirección sur parte de
la carretera hacia la derecha el camino que
conduce hacia los altos del Palancar.
Desde este puerto se
puede disfrutar de una amplia y hermosa panorámica.
Se divisan varios pueblos de la comarca: Cortegana,
Jabugo, Navahermosa, Fuenteheridos y Los Marines.
Puerto
alto.
El
camino que une Cortelazor e Hinojales
regala al viajero un hermoso recorrido
por el paisaje serrano en el que destaca
Puerto Alto. Cerca de él se encuentra
un merendero mirador donde se puede disfrutar
de una agradable panorámica.
Olmo Gigantesco.
Entre
los elementos urbanos no monumentales
destacan el gigantesco olmo en la plaza
de Manuel Sánchez. La tradición
señala que bajo sus ramas se reunía
el Concejo Municipal, estimando los lugareños
que el árbol tiene nada menos que
ochocientos años.