Enclavado
en un estratégico cerro del que se
divisa un buen trecho de la frontera portuguesa,
Encinasola goza del privilegio y la condena
que supone su aislamiento geográfico
del que ni siquiera los actuales medios
de comunicación parecen rescatarlo.
La barrera natural que
supone la Sierra de Aracena y Picos de Aroche
para comunicarse con el resto de la provincia
y Andalucía, le han llevado a establecer
vínculos con la zona Sur de Extremadura
y con Portugal, especialmente con la cercana
población de Barrancos.
A pesar de ello, es
Encinasola un pueblo con profundas raíces
andaluzas que ha tenido personalidad para impregnar
a poblaciones vecinas de sus costumbres sin
dejarse influenciar por las de ellos.
Toda esa personalidad
se funde en refranes autóctonos, coplas,
expresiones y una forma de ver la vida que pone
de manifiesto en sus gentes la sabiduría
acumulada a lo largo de siglos.
En los extremos
de la población los fuertes de
San Felipe y San Juan se alzan hieráticos
y firmes, velando por conservar el rojo
de los tejados y el blanco del encalado
de sus casas mientras en el centro, los
restos del castillo y la torre de la iglesia
de San Andrés presiden con majestuosidad
sus calles, unas empinadas como la Moisés
Cordero y otras con ligeras pendientes
ofreciendo bellos rincones.
Sus nombres hablan solos
poniendo de manifiesto el esplendoroso pasado
de Encinasola: Coso, Poleo, Altozano, Corredera,
Castillo, Fuerte, Reducto, Arrabal, Montes Claros....
La historia de la ocupación
humana del término municipal de Encinasola,
está volcada a la existencia de una importante
red hidrográfica conectada al río
Guadiana (Múrtiga, Sillo, Caño,
Valquemado, etc.). A lo largo de estas venas
de agua se han ido produciendo asentamientos
permanentes desde los inicios de la Edad del
Cobre, a lo largo del III milenio antes de Cristo
(a.C.)
Entre los asentamientos
de este momento cabe citar a la primera ocupación
de la Peña de San Sixto, y a los poblados
de la Huerta del Picón y Sierra Herrera.
A lo largo de la Edad
de Bronce (II milenio a. C.), a medida que va
creciendo la importancia de la metalurgia, la
población se concentrará en lugares
estratégicos en relación a la
explotación de alguna mina. Este es el
caso del poblado situado en la Sierra de la
Lapa (siglos X-IX a.C.) en el que se centralizarán
las operaciones mineras de los filones de la
mina Diamante (los Guijarros).
Con la llegada de los
primeros ejércitos romanos al Guadalquivir
a principios del siglo II a. C., se intentó
frenar la incursión y la rapiña
de estos pueblos serranos. Los encuentros con
los ejércitos romanos serían numerosos
y el saqueo de sus ciudades practica común.
La ingeniería
romana pronto descubrió las posibilidades
mineras de la comarca y se dedicó a la
explotación sistemática. Todas
las minas de Encinasola presentan signos de
minería romana y las escorias de las
fundiciones son abundantes en el término
municipal.
La crisis de esta minería
en el s. II después de Cristo a raíz
de la conquista de nuevos territorios con más
posibilidades mineras (Dacia,Britania,etc.)
provocó otra vez una crisis demográfica
que ocasionó el abandono definitivo de
la ciudad de San Sixto.
Este abandono de la
población se mantuvo hasta la segunda
mitad del siglo VIII después de Cristo
cuando la zona fue disputada por Castilla (orden
del templo)y Portugal (orden del hospital).
La construcción del castillo de Encinasola
en tiempos de Alfonso X El Sabio permitió
el establecimiento de una pequeña aldea
(Acinhasola), que con el tiempo se ha convertido
en el núcleo urbano de este territorio.
La primitiva población
de Encinasola procedía del reino de León,
especialmente de Galicia, aunque también
llegaron de León y Salamanca. La protección
de estos lugares contra las pretensiones portuguesas
correrían a cargo de la Orden del Temple
establecida en Fregenal de la Sierra.
Solucionado el problema
fronterizo, la disputa de la zona de la Contienda
la llevaron a cabo Encinasola, Aroche, y Moura.
Hasta el siglo XVI no se llegaría a un
primer acuerdo de división (Concordata),
pero las disputas seguirían ininterrumpidamente
hasta el siglo XIX (1894), año en el
que se realizó la partición definitiva.
El incremento demográfico
de la población sería intenso
pues en el siglo XV habitantes de Encinasola
y Cumbres de San Bartolomé repueblan
barrancos, en un momento en que la corona portuguesa
hubo de tener problemas para fomentar la repoblación
de estos lugares.
El encontronazo de estas
poblaciones hermanas surgió con motivo
de la guerra de la Restauración de Portugal
(s.XVII)en la que se multiplicaron las algaradas
de castellanos y portugueses en los dominios
de sus vecinos. Ante estas amenazas la población
se refugian en los fuertes de San Juan y San
Felipe, construidos al final del S.XVI.
Durante la Guerra de
la Independencia, la población se hizo
fuerte en los baluartes de San Juan y San Felipe
ante las tropas francesas. Después de
diez días de asedio, capituló
y las tropas francesas se ensañaron con
la población.
A mediados del siglo
XIX, la aduana terrestre permitía una
importante actividad comercial con Portugal,
adonde se exportaban numerosos productos.
Actualmente, los 2054
marochos basan su economía en los aprovechamiento
forestales y ganaderos, apoyados por actividades
agrícolas menos extendidas.
Entre las fiestas más
populares de Encinasola se encuentra la romería
de la Virgen de Flores. El domingo de Ramos
la Virgen es traída desde su ermita situada
a unos 9 kilómetros del pueblo y ocho
días después del domingo de Resurrección,
(siempre lunes), todos los marochos peregrinan
hacia la ermita para llevar a su patrona y festejarlo
con un día de campo y jolgorio. Además,
todo el fin de semana anterior a la romería
es considerado fiesta y se celebra una variada
gama de actividades lúdicas y festivas.
La Virgen de Roca-Amador
también tiene sus jornadas festivas.
El penúltimo Domingo del mes de Agosto
los hermanos, a hombros, trasladan a la Virgen
desde su ermita, situada a dos kilómetros
de la población para ser venerada en
la Parroquia de San Andrés Apóstol
hasta el día 8 de septiembre que en procesión
recorre las calles del pueblo.
La Feria de Encinasola,
otra de sus fiestas importantes, siempre se
ha celebrado del 16 al 19 de septiembre, pero
en los últimos años se ha trasladado
al segundo fin de semana de septiembre y haciendo
coincidir alguno de sus días con el 8,
día de la Virgen Roca-Amador.
Al ser San Andrés
Apóstol el Patrón de Encinasola,
de siempre a existido la Feria de San
Andrés, pero desde los años ochenta
cayó en decadencia hasta dejar de celebrarse.
Recientemente se intenta recuperar.
En cuanto a la gastronomía,
Encinasola cuenta con su inimitable "guisado
de morcilla lustre", sus típicas
migas y, como buen pueblo serrano, exquisitas
chacinas. Pero no podemos olvidar el "gurumelo",
seta comestible y muy apreciada.
En repostería
destacan el "prestín" (pestiño),
típico de las fechas navideñas,
las perrunillas, las tortas de chicharrón
y los brazos gitanos.
Iglesia
de San Andrés.
La
iglesia parroquial de San Andrés
Apóstol fue construida en el siglo
XVI, es de una sola nave y su cabecera
es gótica. Destacan sus tres portadas
de estilo Renacentista, realizada por
el arquitecto Hernán Ruiz y estando
también documentada por la participación
en la obra de otro importante arquitecto
de la época, Diego de Riaño.
En el
retablo del altar mayor, de estilo barroco,
destacan sus columnas salomónicas y el
relieve de la inmaculada.
La obra
pictórica más importante del templo
es una tabla de la Virgen de la Antigua del
siglo XVI, que se puede relacionar iconográficamente
con la misma virgen de la Catedral da Sevilla.
En cuanto a la
orfebrería, la iglesia de San Andrés
cuenta con obras de gran valor en la que intervienen
los punzones más importantes de Sevilla.
Destaca principalmente un cáliz de plata
sobredorada de estilo plateresco obra del orfebre
sevillano Francisco Becerra en el siglo XVI.
Iglesia
de los Santos Mártires.
Dentro
del casco urbano se encuentra la Iglesia
de San Sebastián del siglo XVIII,
también conocida por la iglesia
de los Santos Mártires. Esta
iglesia posee el atractivo de la arquitectura
popular, aunque sin renunciar a los
elementos clásicos. Es de una
sola nave y en ella destaca una imagen
de la virgen de Gracia del siglo XVI.
Ermita
de San Juan.
También
se encuentra en la población la
ermita de San Juan, dedicada a este santo
y construida con fondos legados por el
ilustre hijo de Encinasola D. Juan Gualberto
González Bravo que fuera ministro
de Gracia y Justicia en 1833 con Fernando
VII y que como tal firmara el Acta de
Proclamación de la Reina Isabel
II. Actualmente, la ermita ha sido restaurada
por el Ayuntamiento.
Ermita
de la Virgen de las Flores.
A
unos 9 kilómetros del municipio,
junto a la frontera con Portugal y construida
entre 1585 y 1615, se encuentra la Ermita
de la Patrona, Nuestra Señora de
Flores. Es una construcción de
grandes dimensiones con tres naves abovedadas
y cuatro tramos.
El edificio, cuidado
por un amable ermitaño, puede visitarse
todo el día hasta las 17:00 horas y en
su entorno existe un área recreativa.
Ermita
de Roca Amador.
Está
situada a dos kilómetros del municipio
en la finca "los Claustros"
y está dedicada a la Virgen del
mismo nombre desde el siglo XVI. Para
visitarla puede pedirse la llave al Hermano
mayor.
Restos
del Castillo.
Dentro
de la población se encuentran los
restos del Castillo de Encinasola construido
en tiempos de Alfonso X el Sabio y que
alcanzó tal deterioro durante la
Guerra de la Independencia contra los
franceses.
Baluarte
de San Juan.
Dedicado
a Don Juan de Austria, ha sido recientemente
restaurado para acoger el Punto de Información
del parque Natural. En él se instala
una exposición permanente sobre
la Contienda y sus edificios singulares
y útiles de labor. El edificio
abre los fines de semana.
Chozas
y Bujardas.
Las
chozas y bujardas son una construcción
típica del municipio de Encinasola.
Dicha construcción tiene la función
de refugio para los pastores y su ganado.
Se pueden encontrar en el área
de Pagoroto, donde hay una alta concentración
de ellas, que dan un aire pintoresco al
paisaje.
Puentes. Encinasola
posee dos importantes puentes históricos.
El puente de los Cabriles y el antiguo
puente de Sillo muy parecido al anterior
aunque quizás en peor estado de
conservación. El puente de los
Cabriles sobre el Múrtigas está
situado a cuatro kms. de la población
y se accede por el camino de La Contienda,
tiene unos tajamares muy particulares
en forma de cabeza de carnero.
El puente de Sillo se
encuentra en el cruce de la carretera de La
Nava con la de Cumbres de San Bartolomé.