Higuera de la Sierra,
conocida por su Cabalgata de Reyes Magos,
esconde uno de los enclaves urbanos con más
encanto y mejor conservado de todo el Parque
Natural. Ventanas y balcones con cuidadísimos
enrejados y engalanados de flores dan un toque
de color a sus calles encaladas, que encierran
el sabor de lo popular. Todo ello unido a
un calendario festivo y cultural variado que
alcanza su punto álgido la noche de
Reyes, en la cual los vecinos ponen la guinda
a un gran espectáculo visual que ningún
amante de la Sierra debe perderse.
Sus orígenes están vinculados
a un cruce de caminos pues ya en el siglo
I pasaba por estas tierras la vía romana
descrita en el itinerario Antonino que, procedente
de Beja, se dirigía a Cortegana y Aracena,
para unirse a la vía Esari Pax lulia,
que enlazaba a Hispalis con Emérita,
(Moreno ' A., 1972). En la Edad Moderna una
«vereda de carne» todavía
atravesaba la Sierra desde la frontera con
Portugal hasta Higuera y se asentaba, en buena
parte, sobre aquel antiguo camino romano.
La conquista árabe,
en la segunda mitad del siglo VIII, desplegó
en la zona poblaciones bereberes procedentes
del Norte de Africa. En el siglo X Higuera
de la Sierra es incorporada a la cora de Beja,
y en el XI, al reino taifa de Niebla.
La
conquista cristiana es efectuada por el
vecino reino de Portugal a través
de la Orden del Hospital de San Juan durante
el reinado de Sancho II (1230-33), cuando
también fue ocupada Aracena. El
término quedó por entonces
dividido en dos, ya que Zufre permanecía
aún en manos de los musulmanes.
Estas tierras serán cedidas en
1253 por Alfonso III de Portugal al rey
castellano Alfonso X, que las ampliará
con la toma de Niebla en 1257.
A fines del siglo
XIII existían tres ventas, llamadas
del Higuerón por situarse junto a una
higuera salvaje en el camino hacia Zufre y
Sevilla. Estas fueron creciendo y juntándose
hasta constituir el primitivo núcleo
de Higuera de la Sierra.
Desde el último
tercio del siglo XIV posee concejo independiente
y se constituye como villazgo.
Sería el emperador
Carlos V quien, una vez oídas las súplicas
de los vecinos, les concedió de nuevo
el título de villazgo con fecha 18
de septiembre de 1553.
Conoce el pueblo,
durante la segunda mitad del siglo XVI y la
primera del XVII, una etapa de prosperidad
y crecimiento, confirmada por el hecho de
que pasará de los 150 «vecinos»
que tenía en 1553 a contar con 212
en 1642 (Núñez Roldán,
F, 1987, 428). Ello se debe a una importante
expansión agroganadera y al mejor aprovechamiento
de los recursos naturales.
La conquista
cristiana es efectuada por el vecino reino
de Portugal a través de la Orden
del Hospital de San Juan durante el reinado
de Sancho II (1230-33), cuando también
fue ocupada Aracena. El término
quedó por entonces dividido en
dos, ya que Zufre permanecía aún
en manos de los musulmanes. Estas tierras
serán cedidas en 1253 por Alfonso
III de Portugal al rey castellano Alfonso
X, que las ampliará con la toma
de Niebla en 1257.
A partir de 1642 y
hasta la primera década del siglo XVIII
atraviesa Higuera una coyuntura crítica,
dada la atonía económica, las
epidemias, los tributos y las guerras con
Portugal, perdiendo por entonces 16 «vecinos».
Una vez superadas las coyunturas desfavorables,
emprenderá una nueva senda en el siglo
XVIII marcada por la prosperidad socioeconómica
y demográfica, de la cual nos informa
el Catastro de Ensenada de 1752.
A
lo largo de los siglos, Higuera de la
Sierra mantuvo una lucha constante con
el medio para mantener y aumentar sus
habitantes. Los 150 vecinos» de
1553 llegan a 212 en 1642. Un siglo después,
en 1742, pueblan el término 290
«vecinos», 1.160 personas,
que se convertirán a finales del
siglo XVIII en 1.603.
En cambio, el siglo
XIX, en su primera mitad, va a suponer una
dura prueba para la localidad, cuya población
disminuirá debido a las guerras, carestías,
epidemias, etc,, hasta situarse en los 1.240
habitantes de 1845 (Madoz, P.). La segunda
mitad de esta centuria abre una nueva etapa
caracterizada por el desarrollo económico
propiciado por la explotación del corcho
y el establecimiento de la industria corchera
de la mano de empresarios catalanes. Además,
la liberación de las tierras de manos
muertas, a lo largo de los distintos procesos
desamortizadores, y una mejora de los usos
y aprovechamientos, permitió que en
1900 el municipio alcanzase el máximo
demográfico con 2.214 habitantes.
Una de las
manifestaciones sociales y religiosas
más importante de la Sierra,
y con mayor proyección exterior,
es la Cabalgata de Reyes de Higuera
de la Sierra. Hoy día, única
en su género y de reconocido
prestigio en toda España.
Los inicios
de esta entrañable celebración
se remontan a 1918, cuando tres vecinos
de la localidad tuvieron la idea de
organizar la salida de los Reyes Magos.
Ensillaron tres caballos, compraron
unos caramelos y vestidos de reyes desfilaron
por las cuestas empinadas del pueblo.
La Cabalgata
evolucionó con el tiempo y, si
en un primer momento salían los
tres reyes a caballo, después
se incorporó un caballo más
con la estrella de Oriente, y más
tarde, vinieron las carrozas con figuras
estáticas. En los setenta se
produjo el gran cambio, al formarla
figuras animadas y aumentar el número
de carrozas.
El pueblo entero se
vuelca en la cabalgata, y todos, nietos, padres
y abuelos, se prestan a vestirse y representar
las diferentes escenas de la Biblia, con tal
entrega que se hace difícil imaginar
que son vecinos de la localidad, y no actores
profesionales. En la representación
también participan animales domésticos
junto a sus dueños que aportan más
realismo al acto. Entre ellos perros, gallinas,
corderos, palomas, asnos.... . Todo ello junto
a enseres antiguos y el cariño de todo
un pueblo que hacen que la Cabalgata de Reyes
Magos se convierta en una festividad de espectacular
belleza en la Sierra, la cual ha adquirido
tanto renombre por meritos propios.
Las
fiestas patronales se celebran en Mayo
y están dedicadas a Nuestra Señora
del Prado, coincidiendo con Pentecostés.
Previamente, en Marzo el día
de la Encarnación los romeros
van a la ermita y tras el encuentro
con la Patrona degustan las típicas
empanadas rellenas con productos derivados
del cerdo ibérico. La imagen
se lleva a la parroquia desde la ermita.
El fin de semana de Pentecostés
se celebra la fiesta mayor donde procesiona
la virgen por el pueblo el Domingo,
y al día siguiente tiene lugar
la romería, donde los vecinos
pasan un día de convivencia en
el campo y se degusta la empanada rellena
de productos serranos.
Otra celebración con muy buena
acogida entre los vecinos y visitantes
es la velá de San Antonio de
Padua, que acontece el último
fin de semana de Agosto. Está
organizada por la Hermandad del Santo
y el Ayuntamiento. Además de
las actividades culturales que se organizan
para la ocasión, el lunes se
elabora una sangría típica
del veranillo serrano.
En la segunda quincena
de septiembre tiene lugar la feria de Higuera
que se celebra en el paseo con caseta municipal,
baile y orquesta. Además de las actividades
culturales que organiza el ayuntamiento.
Otra
actividad que cada vez adquiere más
importancia en la Sierra, e incluso
fuera de ella, es el festival taurino
de Higuera de la Sierra, donde se dan
cita importantes figuras del toreo,
y tiene carácter benéfico,
ya que los fondos se destinan a financiar
la Cabalgata y la Residencia de Ancianos.
Aunque el festival no tiene fecha fija,
suele coincidir con San Antonio.
La artesanía,
dada la tradición corchera de esta
localidad, está basada en artículos
procedentes del corcho; taburetes, jaulas
de grillos, dornillos etc. También
existen algunos artesanos de la madera.
La gastronomía
está basada en los productos derivados
del cerdo: tortas de chicharrones, gazpacho
de invierno y sobre todo la tradicional empanada.
También es un plato típico el
potaje de castaña.
Existen dos productos
muy populares entre los higuereños
, que alcanzan gran calidad por su forma artesanal
de elaborarlos; los licores y el queso de
cabra.
Unos
de los primeros atractivos que se observan
en la localidad es un impecable casco
urbano. Junto a estrechas calles empedradas,
se elevan blancas casas solariegas, con
artesanales enrejados en balcones y ventanas.
Buena muestra de este considerable patrimonio
inmueble se puede observar en el barrio
alto, claro ejemplo de la arquitectura
rural serrana.
La iglesia parroquial de San Sebastián incoada bien de interés
cultural, eleva su majestuosa y esbelta
torre sobre Higuera. Fue construida
gracia a la cooperación y esfuerzo
de los vecinos y se inauguró
en 1746 levantándose sobre las
ruinas de otra anterior. En su interior
se pueden contemplar varios retablos
de diversas épocas, tallas de
alto valor y algunas pinturas de artistas
locales como fue Alonso Miguel de Tovar,
discípulo de Murillo.
Dentro
del casco urbano hay que destacar otras
dos construcciones religiosas que dan
nombre a sus barrios correspondientes:
La Ermita del Santo Cristo del Rosario,
que por su simplicidad y pureza de líneas,
es un buen ejemplo de la arquitectura
religiosa de la comarca. Y la Ermita de
San Antonio que también conservan
los rasgos de la encantadora arquitectura
popular.
A trece kilómetros
de la localidad y muy próxima a la
carretera, N-433 se sitúa la Ermita
de la Virgen del Prado. Se trata de un construcción
rural de tipo mudéjar que fue rehabilitada
en 1551. En este paraje se celebra cada 20
de Mayo la romería. Su emplazamiento,
entre dehesas y árboles centenarios,
resalta el atractivo del lugar.
Entre
las construcciones civiles más
importantes destaca la plaza de toros
por su singularidad, adosada a la ermita
del Santo Cristo. Edificada en 1887 sobre
otra anterior, se le dotó con capacidad
para 1500 espectadores. En ella se celebra
el festival taurino benéfico.
Entre
sus tres fuentes-lavaderos, Higuera presume
de tener una de las más bellas
de la Sierra. La Fuente de Enmedio restaurada
recientemente ha sabido conservar su estilo
primitivo. Esta se puede contemplar desde
la carretera N-433. Las otras dos fuentes
son la del Cristo y de La Fontanilla.
Higuera
de la Sierra también cuenta con
un rico entorno natural. La Sierra de
Santa Bárbara, en cuya cima aparece
una ermita en ruinas, fecunda las tierras
del pueblo con sus aguas puras, y lo protege
de los helados vientos del norte.
Otro paraje natural muy visitado son las
llamadas Cuevas de las Tobas. Es una oquedad
bajo un resalte karstico, presidida por
la Virgen de Lourdes. La riqueza de este
espacio singular viene dada por sus aguas
puras, frescas y cristalinas, la frondosa
y exuberante vegetación y el misterio
de la presencia mariana, símbolo
de fé y devoción de los
Higuereños.