Linares de la Sierra se encuentra en un profundo valle
a 497 metros de altura sobre el nivel
del mar, una de las cotas más
bajas de todos los pueblos del Parque
Natural Sierra de Aracena y Picos de
Aroche.
Sin embargo,
su situación abrupta añade
más atractivos a una población,
que por su núcleo típicamente
serrano y su aspecto genuino y rural
es destino imprescindible para el viajero
que quiera conocer la Sierra en estado
puro.
Al
igual que otras poblaciones de la Sierra,
Linares fue ocupada por musulmanes y
portugueses antes de pasar a manos castellanas
bajo la jurisdicción del Concejo
de Sevilla en el Siglo XIII. La presencia
árabe se detecta aún en
los sistemas de riego, en numerosos
topónimos y a decir de algunos
en el trazado laberíntico de
las calles.
La localidad
crece bajo la dependencia de Aracena
y en 1640 pasa con ella a estar bajo
el dominio del Conde-Duque de Olivares.
El título de villa no lo obtendrá
hasta 1754, otorgado por Fernando VI.
En el siglo
XVIII será una época de
expansión en Linares, como en
la mayor parte de la Sierra, que se
traducirá en un fuerte incremento
de población y en la construcción
de una iglesia parroquial.
El siglo XIX supone el techo demográfico del
pueblo, que alcanza los 1021 habitantes
en 1857, para caer la población
en picado desde comienzos del siglo
XX, primero absorbida por el “boom”
minero del Andévalo y posteriormente
por el éxodo rural de los años
60.
En la actualidad
la población se ha estabilizado,
y parece vivir una etapa de prosperidad
gracias al turismo y a las personas
de la ciudad que ven a Linares de la
Sierra como una población ideal
donde disfrutar de una buena calidad
de vida.
La primera celebración
del calendario festivo de Linares es la Cabalgata
de Reyes Magos. Esta se lleva a cabo por tres
personas con capas de armiño sobre
tres asnos y lanzando caramelos a los niños.
Constituye una de las estampas más
pintorescas de la Sierra.
La
siguiente festividad es la “Fiesta
del Piñonate”, que cierra
la Semana Santa. Esta peculiar celebración
tiene lugar el Domingo de Resurrección,
donde se sortean dulces de piñonate
con muy diversos motivos religiosos
elaborados por las vecinas.
El 24 de junio
se celebran las fiestas patronales en
honor de San Juan Bautista y duran tres
días. En ellas se organizan novilladas
en la plaza de Juan de Dios Pareja Obregón,
que se cierra para la ocasión.
En las fiestas de
verano del 15 de agosto también se
celebran capeas con novilladas lidiadas por
vecinos de la localidad, organizadas por la
Hermandad de la Reina de los Ángeles.
También forma
parte de las tradiciones de Linares las matanzas
caseras, que tienen lugar en fechas próximas
a la Navidad. Esta actividad, en ocasiones,
se lleva a cabo en plena calle y en ella participan
tanto miembros de la familia como vecinos,
convirtiéndose así en un verdadero
acto social de reencuentro entre amigos y
familiares que vienen para la ocasión.
En
cuanto a la artesanía existen
varios artesanos de la madera y cestería
que fabrican cucharas, cestas con varetas
de olivo y otros objetos.
La gastronomía
típica de la localidad se basa
en los productos del cerdo ibérico
procedente de las matanzas caseras.
Y en repostería, no hay que dejar
de probar el piñonate, las peras
a lo pobre y las manzanas con azúcar.
El
propio emplazamiento de Linares, un valle
rodeado de sierras de bosque, es uno de
los principales atractivos visuales que
nos regala la población.
Uno
de los detalles más peculiares
de la arquitectura linarense son sus empedrados
o llanos. Aparecen en la mayoría
de sus calles situados a la entrada de
las viviendas y se asemejan a alfombras.
También se pueden ver en el interior
de las casas en la misma entrada, como
pasillo que facilita el paso a las bestias
de la calle al corral trasero.
Otro elemento
emblemático muy recordado por
todos los viajeros que visitan Linares
es el lavadero. Una muestra del arraigo
de las tradiciones en la localidad es
la limpieza de la ropa en el lavadero
público. Los linarenses se resisten
a dejar en el olvido esta práctica,
convertida en costumbre social.
Está
situado en la Plaza de la Fuente y sus
aguas provienen de un manantial de aguas
templadas.
Otras
fuentes que también poseen su
atractivo son la de las traseras de
la calle Rosario y la llamada Fuente
Vieja, en el camino de los madroñeros,
también con funciones de abrevadero.
La iglesia parroquial
de San Juan Bautista es el monumento
religioso principal de la localidad.
De reciente restauración, la
esbelta silueta de este monumento es
una muestra del periodo de esplendor
que vivió Linares de la Sierra
en el siglo XVIII.
Para
los amantes del senderismo, Linares
de la Sierra es un lugar ideal como
punto de partida, ya que de esta localidad
se inician varios senderos de los más
bellos que se pueden transitar por la
Sierra. Entre ellos podemos recomendar
el va a los madroñeros o a Aracena.
Por ellos se puede disfrutar del colorido
de la vegetación dada la abundancia
de agua que posee la zona, y de los
propios arroyos y cascadas que cruzan
y acompañan a los senderos.
Existe un área
de recreo habilitada por el ayuntamiento con
bancos y barbacoas en una zona de huertas,
donde el aroma de los árboles frutales
y el sonido del agua envuelven un paraje que
bien merece un visita.