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Existen
testimonios primitivos de ocupación de las oquedades de la
Peña de Arias Montano pertenecientes a distintas épocas,
desde el Paleolítico a los pueblos denominados por los romanos
baetici-celtini, de origen celta. De la época romana hay
numerosos restos, especialmente en el despoblado conocido como Orullos,
muy próximo a la ermita de San Bartolomé.
En
la Reconquista, como las tierras vecinas, Alájar fue objeto
de litigio entre los reinos de Castilla y Portugal, y queda prontamente
en el siglo XIII como tierra de señorío, dependiente
de la ciudad de Sevilla y adscrita administrativamente al municipio
de Aracena. El
siglo XVI es una época importante en la que la Peña
conocerá su orto y ocaso, coincidiendo con el momento en
el que el teólogo, sabio y hombre de confianza de Felipe
II, Don Benito Arias Montano, la elige como retiro; la embellece,
enaltece los cultos hacia la Virgen, convierte a la ermita en santuario
espiritual de la Sierra y propaga en la Corte las maravillas y cualidades
de los parajes del entorno.
Es
en el siglo XVIII cuando se produce una verdadera explosión
demográfica que cuadruplica su población, crecimiento
que tendrá su continuidad en el siguiente, en que el municipio
alcanza los tres mil habitantes.
El
siglo XX está marcado por la emigración que aquí
se inicio en la primera década.
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