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A lo
largo de los siglos VIII al XII, estas tierras fueron objetos de
sucesivas ocupaciones musulmanas: Walíes de Córdoba,
almorábides, nuevamente reinos de taifas y almohades. Conquistada
por el reino de Castilla y como otros municipios onubenses de la
margen izquierda del Guadiana, Galaroza será durante el siglo
VIII alternativamente lusitana y castellana, pasando definitivamente
a este último reino en 1267, por el Tratado de Badajoz entre
Sancho II de Portugal y Fernando III el Santo.
Galaroza
se emancipa de Aracena en el año 1553, gracias a una Carta
de exención y jurisdicción otorgada por Felipe II,
alcanzando así el título de villa. La
localidad será víctima de la ocupación napoleónica
entre 1810 y 1812, tendrá un ayuntamiento constitucional
durante el Trienio Liberal, y dejará definitivamente de pertenecer
al reino de Sevilla por la división de España en provincias
en 1833.
La
formación histórica del núcleo se produce a
partir de la actual iglesia, posiblemente antigua mezquita que originaria
un poblado árabe en el siglo VIII. Los primeros barrios de
los que se tienen constancia, y que estructurarían el actual
trazado, son Los Riscos y el entorno de la iglesia. La zona oriental
de la localidad se generaría a partir del cierre de una mina
de plata y la evolución posterior enlazaría los nucleos
primigenios, que desarrollan la morfología urbana en un arco
alargado entorno al Cerro de Santa Brígida, al que abraza
por el Norte, Este y Oeste.
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